sábado, 26 de agosto de 2017

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia - La carne y el espíritu. Una obra maestra silenciada - Francisco Huertas Hernández


"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia
La carne y el espíritu. Una obra maestra silenciada

Francisco Huertas Hernández



"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia
El padre Miguel (Simón Andreu) ve entrar a Irene (Esperanza Roy) en plena eucaristía

 "El sacerdote" es una película dirigida en 1977 por Eloy de la Iglesia, y estrenada en 1978. Un filme extremadamente valiente donde destaca un guión perfecto, una historia dura y unas grandes interpretaciones de todo el elenco. Una obra maestra incomprendida en su tiempo.

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Rótuos iniciales: "El sacerdote"

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Rótulos iniciales: "Dirigida por Eloy de la Iglesia"

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Padre Miguel (Simón Andreu) dando la comunión

 La historia de un sacerdote, Miguel (Simón Andreu), cura atractivo y tímido de 36 años, conservador (usa sotana), que atraviesa una crisis debido a su obsesión con el sexo. La presencia en su confesionario de Irene (Esperanza Roy), bella mujer casada, piadosa y apasionada, aumenta su ansiedad sexualAcude a sus superiores, a la flagelación, al cilicio, pero su espíritu es débil ante el poder de la carne.

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Padre Miguel (Simón Andreu) durante la misa

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Irene (Esperanza Roy) se dirige a comulgar. Miguel sufrirá un shock nervioso

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Padre Alfonso (José Franco), el parroco jefe, escuchando y aconsejando a Miguel

 "La película se sitúa entre 1966 y 1968, desde el referéndum franquista hasta las infiltraciones posconciliares, cuando los curas españoles dejan la sotana para ponerse el clergyman, es decir, la diáspora del nacionalcatolicismo. Es la historia de una obsesión, un hombre sin acceso a la vida sexual, castrado psíquicamente, que acaba castrado físicamente" nos dice El País.

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Valla con cartel "Referéndum Nacional. Franco sí. 14 de diciembre de 1966". Es el primer plano de la película y la contextualiza históricamente. La acción tiene lugar a lo largo de 1966 y 1967. España distaba de ser ye-yé o progre. La Iglesia católica seguía teniendo el control de buena parte de la población a través de la misa, la escuela privada y los medios de comunicación. Además la Iglesia católica apoyó la sublevación del 18 de julio de 1936 y era un pilar fundamental del régimen de Franco en lo que se dio en llamar "nacionalcatolicismo".  El referéndum sobre la nueva constitución española o "Ley Orgánica del Estado" intentaba aminorar el poder dictatorial del general Franco creando la presidencia del gobierno. El triunfo del "sí" estaba garantizado. Votó a favor el 95,6 % sobre una participación inaudita del 88,8 % del censo compuesto por los mayores de 21 años. La campaña en contra no existió porque los partidos políticos estaban prohibidos

 Las razones de la incomprensión de este largometraje deben buscarse en el rechazo que el cine de Eloy de la Iglesia despertaba entre la crítica que le consideraba un director sensacionalista y chabacano, la propia visión equivocada del director acerca de su película a la que veía como "un esperpento irónico", y el juicio miope de la época: "La película incide en una visión divertida de la historia de un reprimido, que en este caso es un sacerdote" añade El País en el momento de su estreno. Si a eso se le une la escabrosidad de ciertas escenas y el destape propio de la época, el resultado es que esta obra maestra haya sido menospreciada. No aparece nunca en la lista de las mejores películas españolas, y, sin duda, es superior a bodrios como "Magical Girl" o  "El laberinto del fauno".

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Travelling inicial que mueve la cámara desde la valla de Franco hasta la torre de la iglesia con su campanario tapado por las ramas de un árbol. El simbolismo de las ramas que ocultan la iglesia puede analizarse en una doble dimensión: a) la naturaleza (el instinto sexual) ("carne") que tiende a imponerse al "espíritu" (fe). Ahí el desgarro de Miguel; b) las amenazas a la supervivencia de la Iglesia como institución causadas por los cambios sociales de los años 60. Ésta es una lectura política. Es visible en el enfrentamiento entre Luis (apertura) y Manuel (inmovilismo). En una reflexión final, el padre Alfonso habla de esto. Las manifestaciones de sacerdotes en protesta contra la dictadura conviven con los jerarcas eclesiásticos que llevan al dictador bajo palio

Manifestación de 130 sacerdotes en protesta por las torturas a un estudiante. 11 de mayo de 1966. Barcelona. En la imagen vemos la salida desde la catedral. En un documento desclasificado el cónsul de Estados Unidos en Barcelona, John W. Ford, que envía al gobierno estadounidense se lee: "El consulado general de Barcelona informa que hoy a aproximadamente la 1 pm un grupo se calcula que de 130 curas se ha reunido en la catedral y se ha dirigido en procesión a la sede central de la policía, a unas cuantas travesías de distancia, y han cortado temporalmente el tráfico en la Via Laietana. El objetivo de la manifestación era protestar por las palizas a un estudiante, Joaquin Blix Lluch, uno de los delegados de los estudiantes detenidos el 6 de mayo. Aproximadamente 60 policías uniformados atacaron a los sacerdotes, con patadas y golpes de porra. Los sacerdotes no huyeron y la policía tuvo que llevarse unos cuantos a golpes y empujones hacia calles laterales, donde procedieron a apalearlos a conciencia. La reacción de la gente que suele haber en la zona al mediodía fue de sorpresa y horror. No hubo gritos ni pancartas. Cuando pareció que habían terminado de dispersar a los sacerdotes, la policía se retiró. Se cree que no hubo detenciones. Hubo varios representantes de la prensa internacional y, sin duda, la noticia tendrá una amplia difusión"
Este tipo de protestas se fue extendiendo en los años 60 por influencia del Concilio Vaticano II. En la película los personajes del Padre Luis (que acaba en una parroquia de Orcasitas, cercano a los curas obreros) o el Padre Ángel (instructor deportivo en un colegio, y que termina casándose y abandonando la Iglesia) son la encarnación de los nuevos tiempos

El dictador militar Francisco Franco Bahamonde y su esposa Carmen Polo caminando bajo palio. Foto de finales de los años 60 o comienzos de los 70. "El palio o baldaquino a un dosel (especie de toldo) que sostenido por varales se utiliza en las procesiones para resguardar al sacerdote que lleva el Santísimo Sacramento, reliquias o imágenes. Suele estar bordado ricamente en sus caídas (bambalinas), así como en el techo o cielo. Para el mismo efecto, lo usan también los reyes, el papa y otros prelados en ciertas funciones y en su entrada pública en las ciudades". La Iglesia católica española dio este trato al autodenominado "Caudillo" mostrando su apoyo absoluto a la dictadura. Fue el "nacionalcatolicismo". Esta actitud de una jerarquía católica fascista queda representada en la película por el padre Manuel

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
El padre Luis (Emilio Gutiérrez Caba). En una de sus mejores interpretaciones -gracias al gran guión de Enrique Barreiro- ofrece el retrato de la nueva cara de la Iglesia que simbolizaba la manifestación de Barcelona del 11 de mayo de ese mismo año 1966 en que se desarrolla el filme. Tiene dos intervenciones memorables: su exposición en la casa parroquial ante sus compañeros del tema de las madres solteras con su afirmación de que Jesús era hijo de madre soltera; y su explicación a los niños de la catequesis de lo que es el pecado mortal de blasfemia con ejemplos reales de palabrotas. Su contraparte es el cura Manuel, nacionalcatólico franquista

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Los padres Ángel y Manuel en la casa parroquial. Éste último lee el periódico falangista "Arriba" con la portada "España ha dicho sí" en referencia al resultado del Referéndum de 1966. Manuel, con sermones en defensa de la cruzada contra el ateísmo en la guerra civil es un firme defensor de las posturas preconciliares (usa sotana) y es declarado defensor de la dictadura. Antagonista de Luis. Son las dos caras políticas de la Iglesia católica en ese momento en España

 Tras unos créditos iniciales de gran belleza que reproducen pintura religiosa acompañados de la partitura de Carmelo Bernaola, la película se abre con un magnífico travelling que sitúa temporal y espacialmente la historia: vemos un cartel en una valla con el anuncio del Referendum de diciembre de 1966 ("Franco, sí") y la cámara se va desplazando a la derecha para mostrar la iglesia -en la que entran los feligreses- ascendiendo hasta el campanario donde se llama a misa. Unas ramas de árbol tapan las campanas. Quizás podría ser una metáfora de la naturaleza que amenaza la llamada del espíritu. Entonces aparece el padre Miguel, un hombre atlético, de 36 años, con sotana, que sube unas escaleras. Se viste para la celebración eucarística. La misa es un sacrificio de propiciación que aplaca la justicia divina, pero Miguel es un hombre, y el sacerdote es aquel que, mediando entre Dios y la comunidad humana, debe renunciar a su condición humana, y en grado máximo al deseo sexual, que queda simbolizado en la "carne" por contraposición al "espíritu". Los votos religiosos (pobreza, castidad y obediencia) que el futuro sacerdote se compromete a cumplir son una "negación de la vida" que ilustra el "resentimiento" y la debilidad de esta clase de hombres ante la salud, la fuerza y el instinto, según el filósofo alemán Friedrich Nietzsche.

Friedrich Nietzsche (1844-1900) 
Filósofo alemán cuya crítica a la religión y a la moral fue decisiva. La moral religiosa es fruto del "resentimiento" (odio y envidia) de los débiles contra los fuertes. Se invierten los valores vitales (fuerza, poder, salud, belleza) y se sustituyen por los valores antivitales (debilidad, enfermedad, compasión, paciencia, humildad). Esta tarea es realizada por la casta de los sacerdotes. En la película vemos cómo los curas juzgan y absuelven los llamados pecados de la carne mediante la confesión. Lo curioso es que son ellos los que han creado esos pecados para dominar y debilitar a los demás

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Irene (Esperanza Roy) confesando con el padre Miguel. ¿Por qué un ser humano se humilla ante otro contándole sus secretos? ¿Por qué un ser humano se erige en juez de los deseos de otro? ¿Por qué un ser humano que ha renunciado a la vida y el deseo prohibe a otro vivir y desear?

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Irene (Esperanza Roy) y Miguel (Simón Andreu) en el confesonario. "La confesión es el sacramento en el cual, por medio de la absolución del sacerdote, recibimos el perdón de nuestros pecados si nos confesamos arrepentidos". El pecado es la herramienta básica del trabajo del cura. Sin él no tendría sentido su oficio. El pecado entendido como alejamiento del hombre de la voluntad de Dios es una desviación de los mandamientos morales. Y entre los múltiples pecados el que atenta contra el sexto mandamiento ("no cometeras actos impuros") es el que manifiesta la mayor hostilidad contra la vida. ¿Qué son los actos impuros? ¿Quién los determina? Son los "malos" pensamientos, deseos, palabras, que surgen del natural deseo sexual, de placer. Si Freud descubrió que el placer es el fundamento de la vida mental humana antes de la conciencia y la razón, la Iglesia condena con rotundidad el placer que equipara con la condición animal del ser humano. Miguel es, a la vez sacerdote y hombre, o sea solamente un hombre que cree ser superior al extirpar su lado animal, pero, como bien le dice al padre Alfonso, son los mismos feligreses (mujeres, niños) la causa de la tentación. La contemplación de sus cuerpos son el desencadenante de la pulsión. Miguel está dotado de una poderosa libido (energía sexual) desde la infancia. Y como naturaleza fuerte se ve obligado a una represión desproporcionada, que queda condenada al fracaso, porque lo reprimido siempre retorna (como síntoma, como sueño, como acto fallido)

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Miguel (Simón Andreu) flagelándose en su habitación. La flagelacion es una aberración psicopatológica religiosa. "Una forma de mortificación de la carne por motivos religiosos; por ejemplo, la que practicaban los miembros del movimiento flagelante cristiano en el siglo XIII y los musulmanes (particularmente los pertenecientes al chiismo) y aún algunos movimientos cristianos en la actualidad" Pero, ¿cómo un ser racional puede infligirse dolor voluntariamente en el cuerpo para modificar sus deseos que están en la mente? La flagelación religiosa parte de la consideración de que el cuerpo es el pecado. El odio al cuerpo es el odio al instinto, al placer, a la vida, en definitiva

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Miguel (Simón Andreu) en un repugnante plano en el que se le ve con el cilicio. "Accesorio utilizado para provocar deliberadamente dolor o incomodidad en quien lo viste. Su uso estuvo extendido durante mucho tiempo en las diversas comunidades cristianas como medio de mortificación corporal, buscando así combatir las tentaciones y, sobre todo, la identificación con Jesucristo en los padecimientos que sufrió en la Pasión y los frutos espirituales que de ella se derivan". El pecado contra el sexto mandamiento (adulterio, masturbación, lujuria, prostitución, violación, fornicación, homosexualidad, incesto, poligamia, concubinato, pornografía, deleite en entretenimientos lujuriosos) es el único que atormenta al protagonista

Tomás de Aquino (Tommaso d'Aquino) (1224-1274). Teólogo y filósofo italiano católico. Su obra representa la teología oficial de la Iglesia católica. En su libro "Suma Teológica" (Summa Theologiae) escribe sobre el vicio de la lujuria: "Como afirma San Isidoro en su libro Etymol., lujurioso viene a significar entregado a los placeres. Pero los placeres venéreos son lo que más degrada la mente del hombre. Por eso se consideran los placeres venéreos como la materia más apropiada de la lujuria". ¿Por qué el placer venéreo (de Venus/Afrodita, diosa del amor) es el que más degrada la mente del hombre? ¿Acaso la mente no acoge también el deseo de placer?

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Labios de Irene (Esperanza Roy) en la eucaristía. La zona erógena buco-labial conecta en su origen (fase oral) la necesidad alimenticia y el placer oral. El beso es la actividad afectivo-sexual -desvinculada de la reproducción- que inicia como prolegómeno el coito humano. Para Miguel -en este primer plano sensualmente rotundo- la boca de Irene es la puerta del infierno de la lujuria

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
En el banquete de comunión del hijo de Irene, Miguel vuelve a tener alucinaciones como ésta: la posesión carnal del marido de Irene (José Manuel Cervino) de su esposa (Esperanza Roy)

 El conflicto inevitable entre el celibato sacerdotal y la naturaleza humana es el tema de la película de Eloy de la Iglesia. La represión del deseo sexual (libido) desencadena en el filme el desequilibrio psicológico del padre Miguel, y contrasta vivamente con la actitud de otros sacerdotes que le rodean: el padre Luis (Emilio Gutiérrez Caba, en uno de sus mejores papeles), cura de izquierdas, que mantiene relaciones sexuales, y le dice a Miguel que una vida recta es compatible con ciertas debilidades; el padre Manuel (Ramón Reparaz), representante del nacionalcatolicismo franquista, ultraortodoxo, ajeno a las cuestiones sexuales, y volcado en la politica autoritaria; el padre Alberto (Ramón Pons), entregado a la música del órgano; el padre Ángel que abandonará el sacerdocio por el matrimonio, y representa a todos aquellos curas casados que surgieron a finales de los 60; el padre Carlos, el más joven e inocente; el padre Alfonso (José Franco, en otra enorme interpretación), parroco jefe de todos ellos, a dos aguas entre la renovación del Concilio Vaticano II (1962-1965) y la tradición nacionalcatólica. Estos personajes además mantienen relaciones polares: cada uno tiene su contrario: Miguel vs. Ángel; Luis vs. Manuel; Alberto y Carlos están exluidos de esta dialéctica al representar el primero la salvación (alienación) por la música, y el segundo por la inocencia. El padre Alfonso se mantiene "au-dessus de la mêlée".

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Casa parroquial donde conviven los curas: ¿7 hombres con piedad?

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Padre Ángel y Padre Miguel (Simón Andreu). El chandal vs el clerygman. La orientación mundana y la orientación eclesial

 Friedrich Nietzsche ha sido el crítico definitivo de la religión y la moral cristianas como enemigas de la vida. En "Genealogía de la moral" (Zur Genealogie der Moral: Eine Streitschrift) (1887) escribió:

 "El dominio sobre los que sufren es su reino (el de los sacerdotes)... Los medios del sacerdote ascético que hemos conocido hasta ahora -el embotamiento general de la sensación de vivir, la actividad maquinal, la pequeña alegría, sobre todo la del "amor al prójimo", la organización gregaria, la suscitación de la sensación de poder de la comunidad"

 El padre Miguel, entendido desde la filosofía de Nietzsche en un enfermo -alguien que detesta la vida manifestada en el instinto sexual- que pretende curar a otros enfermos -el rebaño que ha sido debilitado en sus instintos y su fuerza con las prohibiciones morales y la lucha contra la carne- La extrema fortaleza de Miguel procede de su libido que se vuelve contra ella misma mortificando su cuerpo con su propia energía. Pero como bien supo Sigmund Freud toda represión fracasa porque lo reprimido siempre retorna.

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
El flash-back que retrotrae a Miguel a su infancia se produce tras la visita de éste a su madre. En la imagen, Miguel preadolescente en la mesa escucha a su madre (Queta Claver) convenciendo a su marido para que Miguel entre en el seminario. La madre representa la beatería femenina rural

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Flash-back: Francisco, padre de Miguel, (Raúl Fraire), hombre anticlerical y republicano que manda quitar la radio franquista. El conflicto familiar entre madre y padre, es el de las dos Españas. La castración psíquica del niño Miguel comienza en la infancia con esta separación, pues al morir el padre es mandado al seminario

 "El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Flash-back: los adolescentes del pueblo se bañan desnudos en el río. Una sexualidad animal premoral les lleva a la valoración de su órgano sexual y a una secuencia brutal, imposible de rodar hoy en día

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
El deseo abrasador de Miguel le lleva, como a tantos curas, a internarse en los cabarets, donde conoce a una chica de alterne, "Fanny" Vicenta (África Pratt), con la que se iniciará sexualmente

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
El deseo abrasador de Miguel le lleva, como a tantos curas, a internarse en los cabarets, donde conoce a una chica de alterne, "Fanny" Vicenta (África Pratt), con la que se iniciará sexualmente. Acaban en una pensión

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Irene (Esperanza Roy) y Miguel (Simón Andreu) consuman su amor y su deseo

 La pérdida de la fe dada la imposibilidad de ser hombre y sacerdote a la vez es la conclusión de la película. Una magistral obra en la que Eloy de la Iglesia filmó con delicadeza (inolvidable plano de la Última Cena) y gran solvencia narrativa el guión de Barreiro.

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Irene (Esperanza Roy), bellísima, recibe la eucaristía del padre Miguel

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Padre Miguel (Simón Andreu) e Irene (Esperanza Roy) en casa de ésta donde es llamado para una "confesión"

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Arte referencial: bajo la pintura de la "Última Cena" de Leonardo da Vinci (1497) se reproduce en la realidad la cena de los sacerdotes. La composición de este plano fijo revela un interés artístico en Eloy de la Iglesia. El simbolismo puede referirse a la descomposición de la Iglesia que el padre Alfonso (José Franco, en el centro, en el lugar de Jesús) analizaba en su última entrevista con Miguel

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Miguel (Simón Andreu) habla con Cristo de manera descarnada, en otro diálogo que probablemente hoy día no podría hacerse

 La discreta y bella música que compuso Carmelo Alonso Bernaola (1929-2002), el montaje de Julio Peña Muñoz (1948), y, por encima de todo, el guión soberbio, con diálogos profundos y directos, de Enrique Barreiro (1941), un desaprovechado escritor que sólo cuenta en su haber con cuatro películas: "La playa vacía" (1977) de Roberto Gavaldón, "La Raulito en libertad" (1977) de Lautaro Murúa, "La criatura" (1977) de Eloy de la Iglesia, y "El sacerdote" (1978). 

 La verosimilitud de los personajes, su trazo entero, las disputas teológico-políticas, los tormentos del padre Miguel, todo está muy bien resuelto en el guión. Probablemente el que el director no interviniera en éste como era costumbre dio una consistencia mayor a la composición psicológica por más que Eloy de la Iglesia (curioso apellido) dijera: "lo único que me atraía era la neurosis sexual de un hombre que se erotiza con un cáliz, con el crucifijo o con los muslos de un niño de ocho años, en un personaje sin ningún componente homosexual. Me interesaba el desmadre del padre Miguel y quise hacer una película enloquecida. Es una película que al público no le gustó; le sorprendió, pero no de forma positiva".  Añadía: "Me parece paralela a "La criatura", tanto por no haber firmado el guión como por partir de una idea fuerte, pero demasiado esquemática, en este caso la historia de un cura obesionado por el sexo hasta llegar a la psicosis. Hay quien incluso ve en ella una película religiosa, me considero ateo sin ningún adjetivo. Y a partir de los dieciséis o diecisiete años la religión no me ha causado ningún problema, y los problemas metafísico-religiosos me resbalan. Lo que sí me interesa de la historia es la fuerte represión sexual del personaje. Pero tampoco me preocupaba mucho la función social del clero en España". 
 Continúa diciendo: "En "El sacerdote" los personajes son un poco esquemáticos, con las diversas variantes del cura, si bien este esquematismo -los curas progres, los carcas, los acomodaticios, los que se casan, etc.- lo había fomentado la propia Iglesia. En los últimos tiempos del franquismo el clero se había fraccionado de forma radical y yo creo que jugaban roles artificiosos y algo dogmáticos. Es un fenómeno significativo de los últimos años del franquismo, pero creo que en ellos no había demasiadas contradicciones. Ese esquematismo es premeditado: quise mostrar cierto teatro en el que cada personaje tiene su papel y hace su representación un tanto mistérica".

 En esta misma entrevista (reseñada abajo en la bibliografía) se defiende de la acusación de la crítica de "amarillismo", "sensacionalismo": "Me hubiera gustado que esta acusación fuera cierta, tener cierta capacidad de condicionar la película para el éxito. La verdad es que no tenía ninguna fórmula mágica y la práctica lo ha demostrado, porque he hecho películas que han fracasado de forma rotunda. Yo creo que funcionaban no por oportunistas, sino por inoportunas, porque realmente iban contra corriente". 
 Continuaba la entrevista de Carlos Aguilar y Francisco Llinás en agosto de 1996 preguntándole por la falta de empatía del director con los personajes de "El sacerdote", siendo todo "muy externo". Eloy de la Iglesia aclaraba: "Curiosamente, aunque no había en mí ningún interés místico, por así decirlo, la película ha interesado a quienes todavía les afecta el problema religioso, a quienes se comen el coco con estas cosas: pueden odiarla, pero les ha interesado. A mí lo de la castidad me parece mostruoso, pero es fundamental en un personaje para quien toda relación sexual está satanizada, sea con una mujer, con un hombre o con cualquier otra cosa". Habla de la "escena más osada que he rodado nunca y que ahora no se podría rodar", que no revelaré porque ya he hecho demasiado spoiler en este artículo.

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Rótulos iniciales: "Música: Carmelo Bernaola

"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Rótulos iniciales: "Guión: Enrique Barreiro"

 Es evidente que este filme no podría rodarse hoy en día. La presencia de menores de edad en una escena de zoofilia, las palabras que Miguel le dirige a Cristo crucificado al final de la película, o la brutal escena de la castración, pertenecen a unos pocos años en los que una extraordinaria libertad permitió hacer este tipo de obras, los años inmediatos a la muerte de Franco, en los que vieron la luz películas como "Bilbao", "Arrebato", "El proceso de Burgos", "La fuga de Segovia" o "La criatura" y "El diputado" de Eloy de la Iglesia. "El sacerdote" es, pese a sus múltiples detractores, una obra maestra artística, psicológica e histórico-teológica del cine español.

 Es muy sugerente el comentario que realiza en IMBD William (vegete@comcast.net) (Watertown, Mass.):

"This film is very enlightening about the sexual conflicts which will of course arise in an environment of imposed celibacy. We know from the facts of the modern church that many priests do not achieve celibacy, and that their sexuality is a force which if ignored or abused will go awry and cause grave trouble for the community. Without getting to those dire consequences, the priest in El Sacerdote recognizes his own apparent obsession with sex (really a normal degree of physical desire coming head to head with religious restriction), and turns to his superiors for help. The efforts to change him, to affirm the counter-instinctual ban on sex, lead through a tour of his childhood and the foundation of a man's life. Sex never wants to go away, and so it becomes a contest of mind over matter, as it were. It is a failure of man if he does not accept his own physical reality, care for it and respect it's mysteries. The macrocosm is our world and universe -the heavens- and how we care for our role in that. The microcosm is our own mind-body existence, the locus of each man's world. The priest finds out that one cannot deny the body, home of desire, just as we do not deny mind, home of the spirit. His tragedy is a giant finger pointing at the church, accusing it quite rightly of being forever stuck in the kindergarten of spirituality, ostensibly deprived of the infinite wisdom that would come from a sexually mature world view"


"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia 
Cartel español original

"El sacerdote"
1978
España
109 minutos

Director: Eloy de la Iglesia (1944-2006)
Guión: 
Enrique Barreiro
Música: 
Carmelo Bernaola
Fotografía: Magi Torruella
Intérpretes: Simón Andreu, Esperanza Roy, Emilio Gutiérrez Caba, África Pratt, Fabián Conde, José Franco
Productora: Carlos Goyanes Perojo / Óscar Guarido Tizón
Género: Drama
Sinopsis: El padre Miguel, un atractivo y tímido sacerdote de treinta y seis años, atraviesa una crisis de conciencia. Además, la continua presencia en su confesionario de Irene, una joven y bella mujer casada, a la vez piadosa y apasionada, va mermando su fe y sus convicciones religiosas. (FILMAFFINITY)

Bibliografía:

- Carlos Aguilar, Dolores Devesa, Carlos Losilla, Francisco Llinás, José Luis Marqués, Alicia Potes, Casimiro Torreiro: "Conocer a Eloy de la Iglesia". Filmoteca Vasca-Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Donostia. 1996

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Colección de Fotocromos: "El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia












"El sacerdote" (1978). Eloy de la Iglesia
Colección de 12 Fotocromos originales
Propiedad de Francisco Huertas Hernández 


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Comentarios de nuestros lectores:


Francisco José Sánchez-Pescador Yriarte: "A mí no me impactó. Seguramente por el retrato incompleto del esquizofrenico padre Miguel albergando bajo la sotana dos personalidades rotundamente opuestas. Por otra parte, es una timida critica al estamento eclesiastico sin profundizar para nada en el fenómeno del cura obrero de aquellos dias, y más en parroquias de gentes modestas como se intenta retratar. Los que vivimos inmersos en la sociedad española esos años... no vemos para nada su fenómeno. Abunda, sin embargo, en casos circunstanciales minoritarios. Y de pasada... Cura progre sin mojarse, y de otro que abandona la sotana para simplemente vivir con una mujer. La autocensura en estado puro.
 Se quiso decir grandes cosas pero se sucumbió al miedo de molestar a la autoridad eclesiastica de manera cruda.
 El resultado es una película NO MALA pero FRUSTRADA, a miles de kilometros de un Ingmar Bergman, narrador impresionante de conflictos personales en este tipo"


jueves, 24 de agosto de 2017

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín. "A Candle for the Devil" - "It Happened at Nightmare Inn". Una carnicería como Dios manda. Aurora Bautista habla de la película - Francisco Huertas Hernández


"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
"A Candle for the Devil" - "It Happened at Nightmare Inn"
Una carnicería como Dios manda - 
Aurora Bautista habla de la película

Francisco Huertas Hernández



"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Aurora Bautista (Marta) y Esperanza Roy (Verónica), hermanas solteronas. Cada una representa una relación con el placer sexual. Marta, la mayor, lo reprime y por formación reactiva enarbola la moral ultracatólica en su cruzada contra la indecencia mediante la creencia en el pecado, la justicia divina y la purificación sangrienta. Verónica lo satisface aunque sea a escondidas gozando de un joven veinte años menor

 Una película de culto de terror hispánico en coproducción con el Reino Unido rodada en 1973 cuando aún vivía Franco y existía la censura, imperfecta como toda obra de culto que se precie, y que presenta a dos actrices extraordinarias: Aurora Bautista y Esperanza Roy. Así puede presentarse este filme irregular, pero de indudables logros.

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
 Esperanza Roy (Verónica) y Aurora Bautista (Marta) en la terraza de la pensión "Las Dos Hermanas" contemplando a la huesped inglesa que toma el sol sin sujetador. Su intención no es matarla, pero en un fatal accidente se desnuca contra una vidriera cayendo por las escaleras. El trozo de cristal de la vidriera rota representa una espada divina ensangrentada. Marta habla de Dios como autor del castigo

 El ciudadano honorífico de España ha venido siendo Dios desde hace siglos. En su nombre se batalló contra los árabes y contra la República. Y en su nombre la Iglesia Católica levantó una moral en la que el pecado más nefando era el relacionado con la carne. Y fueron las mujeres beatas y fariseas de esa España católica a machamartillo las que encabezaron la cruzada contra la indecencia. La inmoralidad que venía del Norte la traía el turismo. Y estas europeas jóvenes y con minifalda que toman el sol sin sujetador fueron la misma imagen del Demonio para estas dos hermanas solteronas (Marta y Verónica) que regentaban una pensión en la Andalucía interior blanca por fuera y negra por dentro. Esta es la historia de este largometraje: el conflicto entre el integrismo religioso católico español y la moral hedonista de las turistas europeas en un pueblo de la España profunda que se ve invadido por el turismo. Dos hermanas solteronas que regentan una venta demoníaca en la que toda mujer que consideren pecadora es asesinada, en la creencia de que es Dios el que las castiga. Marta es la mentalidad inquisitorial que reprime una fuerte tendencia al placer. Mientras que Verónica es la hermana menor dominada pero conocedora de las delicias del placer en su relación clandestina con un chico joven

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
La turista Helen Miller (Lone Fleming, actriz danesa, esposa de Eugenio Martín) llega en autobús al pueblo andaluz. Simboliza el mal exterior (la carne) que amenaza la moralidad de las hermanas, sobre todo de Marta, ya que descubre aquello que ella misma tiene reprimido: el deseo

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
La turista Helen Miller (Lone Fleming) con minifalda, en el pueblo -lo que provocará la conmoción en todos los hombres chicos y grandes que van detrás de ella- espiada tras las cortinas y rejas de la pensión por Marta

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Aurora Bautista (Marta) presenta una fuerte formación reactiva en la que persigue aquello que desea: el placer sexual. En esta escena se contempla libidinosamente en el espejo con un vestido que la unió a un hombre del que nada sabemos

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Esperanza Roy (Verónica) hace el amor con su amante. Ella no renuncia al deseo, lo que la libera de la tensión de la represión que sólo puede calmar la hermana mayor con el asesinato

  Aurora Bautista habló de esta película. En el libro de Jorge Castillejo, la actriz dijo al respecto: 

 "Era una historia tremenda. Esperanza Roy y yo éramos dos hermanas que teníamos una especie de pensión en un pueblo andaluz y acogíamos a unas veraneantes inglesas que tomaban el sol en la terraza con el pecho al aire. Como en la película yo era una solterona muy intransigente en la cuestion moral, eso me parecía un escándalo tremendo. En medio de una discusión, Esperanza y yo empujábamos accidentalmente a la inglesa, que se caía por la escalera y se desnucaba. Entonces no sabíamos qué hacer con el cuerpo y lo metíamos en una tinaja de vino. La verdad es que sucedían unas cosas tan macabras que no me extraña que la censura pusiera pegas. Recuerdo que nosotras íbamos sirviendo el vino y, como el cadáver se desmenuzaba, en una comida de repente salía un ojo flotando. ¡Era una cosa espantosa!"

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Aurora Bautista (Marta) enloquecida corre por el pueblo. Entra en la casa vacía del amante de su hermana, donde contempla el lecho deshecho, y luego se dirige al río atraída por el placer prohibido

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Aurora Bautista (Marta) contempla escondida los cuerpos desnudos de niños y adultos bañándose y jugando en el río. Su voyeurismo perverso da paso al arrepentimiento y echa a correr por un zarzal desgarrando su vestido y su piel. Su sangre es la doble metáfora del deseo que brota y del deseo que reprime y la lleva al descuartizamiento de las mujeres que odia porque son lo que ella no se atreve a ser: libido que afirma la vida 

 Añade que "A mí no me atrae (hacer un personaje malvado), porque ser malo no me parece divertido. Creo que se sufre. Cuando me enfrento con un personaje me gusta cogerlo por la médula, saber por qué razones hace unas cosas y no otras. Y la médula de las malas nunca la he entendido"

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Aurora Bautista (Marta) en la escena más memorable del filme. Corre en éxtasis por el zarzal junto al río donde ha pecado entregándose a la lujuria de la contemplación de la carne desnuda. Su carrera es una metáfora de la lucha entre el orgasmo y la penitencia. Se flagela involuntariamente desgarrando sus hermosas carnes entre las zarzas

 Sobre el rodaje recuerda: "Me acuerdo que teníamos que actuar en inglés. En un primer momento Eugenio Martín me dijo que era una coproducción con Inglaterra y que había unos primeros planos en los que teníamos que hablar en inglés. Sorprendida, le dije que me tenía que haber avisado antes, porque no sabía si iba a ser capaz de hacerlo. Pero Esperanza y yo nos tomamos tan en serio el asunto que luego teníamos una escena las dos solas y, pudiendo hacerla perfectamente en español, dijimos: "Chica, vamos a hacerla en inglés". Y allí estábamos las dos, discutiendo como dos locas en inglés. De hecho, lo que más recuerdo de aquel rodaje es lo que me pude reír con Esperanza Roy. Sólo me acuerdo de eso, de lo que me divertí. Esperanza repetía constantemente "scandal in the village", que quería decir algo así como "escándalo en el pueblo"..."

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Aurora Bautista (Marta), enajenada, semidesnuda y ensangrentada, sube las escaleras en busca de la testigo de su crimen, Laura, que duerme plácidamente

 "La verdad es que fue un rodaje duro. Teníamos que estudiar el guión en inglés con una profesora por las mañanas, después repasarlo para tener una buena pronunciación y luego rodar. Nos tenían en jaque desde muy temprano. Cuando terminábamos a eso de las nueve, yo tenía que ver y atender a mi hijo. Estaba un poco con él, le bañaba, le acostaba y a la mañana siguiente otra vez a repetir la misma historia. Claro, yo intenté superar ese estrés y reponer fuerzas comiendo un poco y engordé. Eugenio Martín me dijo entonces que no podía engordar ni un kilo, así que tuve que encontrar tiempo además para ir a la sauna. Entre unas cosas y otras, un día me dio un telele. Sentía unas palpitaciones tan grandes que creía que me había dado un infarto. Un amigo mío, cardiólogo, me hizo un chequeo inmediato... y me dijo que tenía una bolsa de gas al lado del corazón, originada posiblemente por todo ese trajín"

 "Me acuerdo que Eugenio Martín trajo una chica extranjera muy guapa. Creo que era de Dinamarca. Una noche llegaba a la pensión con un hombre y, cómo no, discutíamos. Entonces ella me cogía por delante y me rompía el camisón. En ese momento se me veía un pecho, aunque creo que en el montaje final ese plano fue suprimido, posiblemente por orden de la censura"


"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Lone Fleming (Helen Miller) se encara con Marta (fuera de plano) ante Esperanza Roy (Verónica)

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Lone Fleming (Helen Miller) se encara con Marta

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Aurora Bautista (Marta), semidesnuda, tras luchar contra la turista Helen Miller (Lone Fleming) que -increpada por la solterona- la desnuda para descubrir el común cuerpo del deseo

 Eugenio Martín alterna hallazgos visuales (imágenes del pueblo blanco, la genial secuencia de la reprimida y perversa Marta contemplando los bañistas del río y luego corriendo poseída entre las zarzas desgarrando sus carnes, cual flagelación, huyendo del mal de su propia libido) con momentos vulgares (planos, contraplanos y subrayados visuales innecesarios: cuchillo-carne-horno) y cierta dificultad en hacer avanzar la historia.

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Esperanza Roy (Verónica) y Aurora Bautista (Marta) ensangrentadas. Estos son los planos en los que aparece el pecho de Aurora Bautista que ella comenta en la entrevista

 La idea surgió de un hecho real. Eugenio Martín recuerda: "Antonio Fos y yo leímos la noticia en un periódico relacionada con la intolerancia religiosa y pensamos que podíamos hacer algo dentro del género de terror, puesto que en aquel momento si no era así no había forma de colocar la película. Pero no debía ser sólo una historia de suspense, sino que tenía que poseer unas connotaciones de inmediatez española".
  El primer esbozo de guión fue rechazado por la censura.
 "El personaje de la hermana mayor requería un componente de apasionamiento y ceguera que le iba perfectamente a Aurora. Ella, más intolerante, era la que dominaba a Esperanza, que era la débil y se dejaba manejar -explica el director-. Junto a ellas, la presencia de actrices extranjeras contribuía a un lanzamiento internacional. Contamos con la inglesa Judy Geeson y, gracias a ella, pudimos hacer la coproducción con Inglaterra. Además eso incidía en el sentido que buscábamos, es decir, que las hermanas españolas, Aurora Bautista y Esperanza Roy, fueran las intolerantes frente a lo que representaba el mundo exterior, representado por Judy Geeson"

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Judy Geeson (Laura Barkley). La hermana de la primera turista asesinada por las solteronas. Su papel en la película es investigar el paradero de las distintas chicas que van desapareciendo en la pensión

 El rodaje se llevó a cabo durante el invierno en Ronda. Esperanza Roy cuenta que era una historia de suspense y terror muy al estilo británico, con Aurora, mujer mayor y virgen, que dominaba a su hermana menor. Después del accidente en la terraza en el que muere la joven inglesa que tomaba el sol desnuda, echan su cuerpo a una tinaja, y luego lo parten a cachitos para guisos estofados. La escena de la terraza fue muy dura por el viento y el frío. La actriz inglesa estaba boca abajo. El plano de la caída por la escalera era largo y tuvo que rodarse en inglés, con olvidos del diálogo por parte de Aurora, lo que llevó a repetir la escena varias veces.

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
El trozo de vidriera roto tras el impacto de la chica a la que tiran por las escaleras, y que representa la espada ensangrentada, es visto por Aurora Bautista (Marta) como una señal del castigo divino (psicosis religiosa)

"Una vela para el diablo" se llevó al Festival de Cannes donde se vendió bien internacionalmente. Allí mismo Eugenio Martín recibió una notificación de la Dirección General de Cine indicando que la película tenía que ser revisada nuevamente por la censura y que no podía efectuarse ninguna venta. "Se quedaron todas las ventas pendientes -explica Eugenio Martín-. La revisión fue tan catastrófica y se hicieron tantos cortes, unos a nivel de argumento y otros de puro formalismo, que se alteró todo el sentido de la historia y se perdieron muchas ventas. En España nunca se vio pues la versión íntegra"

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Aurora Bautista (Marta) y Esperanza Roy (Verónica), roban al bebé de Norma cuando se enteran de que es madre soltera. En un acto de gran carga psicológica acogen la maternidad que les está vedada -sobre todo a Marta- desposeyendo a su madre legítima a la que matan. Aquí el reflejo del robo de niños en la posguerra española por parte de monjas es inmediato
Procede del libro: Jorge Castillejo: "Las películas de Aurora Bautista" Mitemas. Fundación Municipal de Cine. Mostra de Valencia. 1998

 Pese a todo ello la versión final de la película incluye momentos de gran calidad (escena del baño de los niños y penitencia posterior en el zarzal). El crítico Antonio Cervera señaló que es un filme de terror en su estructura externa, pero psicológico, en el fondo, por el estudio de los personajes, como parte de una sociedad y unas ideas. Una película muy crítica. El título se entiende recordando que cada vez que Marta purifica el pecado (siempre el sexto) mediante el crimen enciende una vela de aceite en su cómoda y ante un cuadro que tiene en la pared, que simboliza el bien en la parte superior (un santo), frente a los demonios que ocupan la parte inferior del cuadro. La pequeña luz de la vela no llega al santo: ilumina sólo al diablo. Con su simbolismo, manifiesto o latente, con efectos psicológicos y violencia, la mezcla es un abigarrado conjunto que profundiza en una realidad que se convierte en irrealidad, como ocurre con la vida misma.

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Aurora Bautista (Marta) enciende una vela, pero sólo ilumina al diablo. Escena probablemente cortada en el montaje final

 Respecto a este punto es revelador el plano final del filme en el que el mundo externo (alcalde y fuerzas vivas del pueblo) se confronta a través de la ventana enrejada (otro símbolo de la represión sexual y social) con el mundo interno (hermanas en acción). Lo real penetra sin disolverlo lo irreal del deseo y el crimen.

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Cartel español

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
Ficha técnica
Procede del libro: Jorge Castillejo: "Las películas de Aurora Bautista" Mitemas. Fundación Municipal de Cine. Mostra de Valencia. 1998


"A Candle for the Devil" (1973). Eugenio Martín
English Posters

"Una vela para el diablo" (1973). Eugenio Martín
American Poster: "It Happened at Nightmare Inn"
Con erratas en el nombre de Aurora Bautista ("Aurora Bautist") y Esperanza Roy ("Espera Roy") y el director ("Eugene Martin")
El poster incluye a la derecha la película "Children Shouldn't Play with Dead Things" (1972). Bob Clark